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Magnifica Humanitas: “No temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo”

“No temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo” (n.16): con estas palabras nos exhorta el Papa León, desde las primeras páginas de la encíclica hasta las últimas, a “construir el bien en el mundo” (n.236). No una moderna torre de Babel sino, siguiendo los pasos del “arquitecto sabio” Nehemías, una ciudad centrada en el bien común, “piedra a piedra”: Nehemías “no impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones” (n.8). El ejemplo bíblico conduce toda la reflexión de León XIV: “Dios ha inscrito en nuestro corazón un deseo de felicidad que abraza todas las dimensiones de la vida” (n.11). Pero “edificar el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir… (sin) desviarse hacia metas engañosas: la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que “dejan atrás” a pueblos enteros” (n.12).

El Papa es un maestro de fe, con los pies sólidamente plantados en la realidad. Al abrir un texto tan esperado como el de esta encíclica, tiene uno la tentación de ir a ver “dónde teníamos razón” en tal o cual debate sobre inteligencia artificial, y si se inclina más bien por un lado o por otro. Creo que comentar las encíclicas es un ejercicio a menudo fútil. Más vale leerlas despacio y tratar de debatir sinceramente, a ser posible en grupo, sobre su aplicación. En este caso, hay mucho que discernir en las decisiones reales de empresas e instituciones, sobre la automatización y la delegación de funciones a sistemas digitales. Por lo tanto, me abstengo de todo comentario, más cuando no ha habido tiempo material de una lectura meditada. De un hojeo en diagonal, destaco sólo algunas perlas luminosas.

En el capítulo tercero (Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA), el n. 110 habla de desarmar:

Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar… La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”.

¿Es posible salir de la carrera? Difícil, cuando “la corrupción moral de nuestro límite creatural – el mal que evidentemente agita el corazón del hombre – arruina la sociedad y la vida, llegando incluso a extremos de deshumanidad. Y, sin embargo, también esta dolorosa forma de límite deja resquicios al bien…” (n.121). Todo depende, en última instancia de lo que realmente orienta nuestra vida. Refiriéndose a las dos ciudades de San Agustín y a la lucha entre dos amores: “El tiempo de la IA no escapa a esta regla; la construcción de Babel o de Jerusalén comienza en cada uno de nosotros” (n.130).

Trabajo y empleo

En el capítulo cuarto, la encíclica propone un amplio recorrido sobre los puntos clave del debate en torno a la IA: Verdad, Trabajo, Libertad. En la temática de la transformación del trabajo – que ha sido central en el seminario permanente de la Fundación Pablo VI – la encíclica destaca ante todo el valor del trabajo, no sólo como subsistencia, ”sino como “espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad” (n.154). Ante la perspectiva de exponer “a muchos a una situación de inactividad forzada, de ausencia de responsabilidades, de falta de compromiso y de estímulos cotidianos…” la encíclica reclama insistentemente la aplicación de políticas favorables al empleo, tanto por parte de los poderes públicos como de los empresarios (nn. 157, 168). Aquí cabe preguntarse hasta qué punto será posible para las empresas, inmersas en el mercado competitivo, adoptar como objetivo la creación de empleo; la necesaria resiliencia de la empresa no siempre permite mantener la creación de empleo como criterio de decisión. Tema para debatir. Sería quizás útil una discriminación más explícita entre dos conceptos: el trabajo y el empleo, que no tienen por qué ser idénticos y a menudo no lo son (pensando, por ejemplo, en los cuidados familiares o los trabajos gratuitos de innumerables voluntarios). Se agradece la mención, en el n. 159, de la “necesidad de superar los actuales parámetros de medición del grado de desarrollo” y de desarrollar parámetros y métricas complementarios del PIB.

Impresiona el largo desarrollo sobre la cultura de la guerra y el armamento. Necesaria reflexión en el entorno europeo, en el que nos vemos forzados a pensar en construir una autonomía defensiva creíble. Noto al pasar la constatación que hace León XIV en el n. 196: “El panorama se vuelve aún más inestable por la presencia de nuevos actores armados – grupos yihadistas, milicias privadas, redes criminales – que marcan el fin del monopolio estatal de la fuerza”. Otra prueba del “sano realismo” que reclama el S. Padre, “que evite tanto el idealismo político como el cinismo…”. Nos hace reflexionar sobre la actualidad más candente.

El Papa “como creyente entre creyentes”, concluye invitando “a contemplar en el rostro del Hijo una magnífica humanidad que también ilumina la época de la IA. En Cristo comprendemos que el hombre está llamado a ser colaborador en la obra de la creación, y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad” (n.233). Llamado a la reflexión crítica, a la elección y al amor gratuitos, al establecimiento de relaciones auténticas. Para que seamos “mujeres y hombres que entran en las obras de la historia – laboratorios de investigación, empresas tecnológicas, escuelas, medios de comunicación, instituciones, comunidades locales – para levantar lo que se ha derrumbado y proteger lo que está expuesto” (n. 241). Un llamado potente, anclado en la fe, y con los pies en la tierra.

Director de los Seminarios Permanentes de la Fundación Pablo VI
Fondazione Centesimus Annus Pro Pontifice