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El oasis de León XIV en las Cortes Generales

  • Categoría de la entrada:Tribuna
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Dice Paulo Coelho en su obra El Alquimista, que tal vez Dios haya creado el desierto para que el hombre pueda sonreír con las palmeras. El discurso del papa León XIV en las Cortes Generales bien podría calificarse de oasis de palmeras en medio de un desértico y estéril debate parlamentario que no hace más que generar un progresivo menoscabo del sistema democrático y de su arquitectura institucional.

La magna intervención del Papa en el Congreso, el respeto que presidió toda la sesión entre sus Señorías, y el sostenido aplauso que recibió durante minutos, vino a recordarnos algo tan simple como que el verdadero papel de Las Cortes es, en cuanto representante de todo el pueblo español, la búsqueda del interés general de España y el bien común de todos sus ciudadanos a partir del respeto a los fundamentos y principios que cimentan nuestra democracia. El discurso del Papa nos puso de manifiesto que la actitud que todos esperamos de cuantos asumen responsabilidades públicas no es fragmentar, ni polarizar, sino, sencillamente, la de observar un comportamiento que merezca la mayor consideración de sus ciudadanos representados. Una actitud que debería configurarse como una exigencia permanente de la dedicación a la vida pública y, en suma, al servicio de la sociedad. El diálogo considerado, argumentado y razonado es la principal herramienta con la que el poder legislativo puede resolver las grandes cuestiones de los ciudadanos, mejorar sus condiciones de vida y garantizar el desarrollo y progreso social a las próximas generaciones. La esencia del parlamentarismo es, como recoge Magnifica humanitas, el acuerdo y la cultura de la negociación.

Las palabras de León XIV las pronunció, no como jefe del Estado, sino como obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica, consciente de que la misión que se le había confiado posiciona a la Iglesia en diálogo con los Estados y sus ciudadanos, respetando siempre la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar y de ordenar jurídicamente la sociedad, sin invadir competencias ni sustituir voluntades. Tomando como referencia el legado de la Escuela salmantina, el Pontífice puso en valor uno de los más grandes patrimonios de la cristiandad, el valor de la palabra, en cuanto fundamento último de la concordia y del esfuerzo paciente por construir una convivencia pacífica y justa.

Ahora, nos queda a los demás proseguir con la tarea encomendada y fomentar que el oasis atisbado en medio del desierto vaya tomando una dimensión mayor y sea fuente de inspiración para promover verdaderos caminos de encuentro, negociación y entendimiento para el futuro de nuestra sociedad española. 

En este sentido, la Escuela de Verano de la Conferencia Episcopal Española, que se celebra en la Fundación Pablo VI los próximos días 7, 8 y 9 de julio, tratará precisamente la cuestión del ocaso de la democracia y la oportunidad para una política al servicio de la persona. El curso se configura como un espacio de diálogo entre la Iglesia Católica y distintos actores —políticos, académicos, periodistas, representantes sociales, empresarios, sindicalistas y expertos— sobre temas relevantes para la sociedad democrática. Las intervenciones y debates se enmarcan en la Doctrina Social de la Iglesia, una enseñanza católica que busca dar respuesta a los retos actuales sobre la dignidad humana, la justicia social, la política, la economía y otros ámbitos de la vida pública desde el entendimiento, el encuentro, la tolerancia y el respeto.

Letrado del Consejo de Estado. Abogado
Director General de la Fundación Pablo VI