Cuando se estudia el panorama geopolítico mundial es imposible no pensar en la superioridad china. En un mundo dominado por bloques, con numerosos conflictos armados simultáneos que afectan a distintas regiones del planeta, China avanza y se expande geopolíticamente sin pegar un solo tiro. O, al menos, sin usar las armas tradicionales.
El gigante asiático es líder indiscutible en sectores estratégicos como la tecnología o la energía: fabrica el 80 % de los paneles solares del mundo, más del 75 % de las baterías y al menos el 60 % de las piezas de las turbinas eólicas. Asimismo, produce el 55 % del acero crudo del planeta. Además, pone en funcionamiento seis centrales térmicas de carbón de última generación al mes, consideradas las más limpias jamás construidas. Se ha convertido en la gran fábrica del mundo; su producción actual es al menos igual que la de Estados Unidos, Japón, Alemania y Corea del Sur juntos. Y, en solo 25 años, la participación de la manufactura china en el PIB mundial pasó del 6 % en 2000 al 30 % actual.
¿Qué es lo que hace de China la gran referencia mundial en el ámbito económico y estratégico en el mundo? ¿Cuáles son las artes para su competencia mundial? ¿Por qué genera asombro y admiración a la vez que desconcierto? El coronel Pedro Baños, gran conocedor de la geopolítica y la inteligencia militar en el mundo, apunta, como principal clave de este éxito, a los principios fundamentales del pensamiento chino, documentados en el tratado militar más antiguo y estudiado, El arte de la guerra (siglo V a.C). En dicho tratado, el general y filósofo enseña cómo ganar conflictos sin recurrir a la violencia, usando la inteligencia, la estrategia y el conocimiento. Unos principios que China ha ido aplicando y en los que ha ido ahondando a lo largo de los siglos, como manual para su forma de obrar en el ámbito comercial o en las relaciones internacionales.
En el Tao de la guerra, el coronel Baños escribe sobre cómo estos principios milenarios han llevado a China a ser ese gigante temido y envidiado a la vez. “No se trata de admirar un modelo”, dice el autor, “sino conocerlo profundamente para actuar en consecuencia”. En una conversación en la Fundación Pablo VI con la profesora e investigadora (PhD) de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) especializada en Derecho, Historia e Inteligencia Artificial, Covadonga Torres Asiego, el autor habló de cómo estos principios del arte de la guerra pueden ser muy prácticos y útiles para distintos ámbitos de la vida: desde la negociación política y económica, hasta el ámbito de la empresa, la gestión de equipos y las relaciones humanas.
En su opinión, la clave del dominio chino no está solo en la fuerza tecnológica o en los saberes milenarios, sino también en una capacidad de trabajo que supera, incluso, al desafío de la digitalización. En un panorama donde la información se manipula con facilidad y profusión, los actores ya no son sólo Estados y la competencia tiene lugar tanto en el plano físico como en el digital, el cognitivo y el normativo, los principios de Sun Tzu, defiende el autor, pueden ayudar a entender hacia dónde va el mundo y cómo abordarlo.



