La Magnífica humanitas de León XIV ha sido un revulsivo para todos aquellos que sienten que el universo tecnológico puede sustituir o anular a la persona y aquello que nos hace genuinamente humanos: la capacidad de crear, de pensar, de generar contenidos y de reproducirlos. El mundo académico y universitario se ve inevitablemente obligado a reinventarse; y la universidad, sumida en un período de incertidumbre, necesita repensarse para ofrecer un valor diferencial y único frente al desarrollo tecnológico.
El Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid organizó el día 17 de junio un coloquio en torno a este asunto, con la Encíclica Magnifica humanitas como fuente de inspiración. En torno a este documento, muy esperado y celebrado en el ámbito universitario, político, económico, cultural y también tecnológico se reflexionó sobre cómo adaptarse a los cambios tecnológicos sin que éstos nos dominen, con una conversación entre el director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela Cárcel; y Vicente de los Ríos, CEO y fundador de Líderes y Digitales, moderados por Manuel María Bru, delegado episcopal de Cultura.

Entre otros muchos aspectos del texto hablaron de la invitación que éste hace al discernimiento compartido frente a la determinación del algoritmo, creado y controlado por monopolios tecnológicos que han cambiado los equilibrios de poder. La Magnifica Humanitas reactualiza la Doctrina Social de la Iglesia desde la Rerum Novarum; y, de hecho, dedica una gran parte a hacer pedagogía sobre sus principios. Pero, en opinión de ambos, aunque ha sido acogida con gran expectación, no representa ninguna novedad respecto a otros documentos papales que buscan, desde el Evangelio, iluminar las realidades de nuestro tiempo. Pero sí hay una apelación muy directa a la responsabilidad de cada uno de intentar cambiar las cosas.

En el ámbito académico, por ejemplo, como manifestaron muchos de los profesores presentes, se ha caído en una permanente infantilización del alumnado, que llega con menor capacidad de discernimiento y con menor tolerancia a la frustración por la inercia actual de la inmediatez. Por otra parte, el sesgo algorítmico está limitando la capacidad del individuo de pensar por sí mismo y de considerar una prioridad la búsqueda compartida de la verdad. En la encíclica, el Papa llama en numerosas ocasiones a un discernimiento compartido para que el futuro no quede determinado por el algoritmo ni sus monopolios. Y esto afecta también, de manera muy decisiva, a la forma en la que se entiende la universidad que, en palabras del director general de la Fundación Pablo VI, debería transitar del conocimiento al discernimiento -de ser transmisora de contenidos a generar el juicio sobre estos contenidos-; y de la colectividad a la individualización. Ya no se puede pensar en generalidades ni planes más colectivos, sino en el alumno como individuo con una formación más adaptada.

En el acto, celebrado en la sala de juntas del Pabellón de Gobierno, estuvieron presentes, entre otros, el presidente del Consejo Social, Jesús Nuño de la Rosa, que fue el encargado de abrir el acto, con el recuerdo aun reciente del paso de León XIV por Madrid. En algunas de las intervenciones de los presentes se pusieron especialmente en valor los mensajes que el Papa dirigió al mundo de la política y de la cultura. Hay mucha necesidad de liderazgos morales, de entendimiento y reconciliación. Por eso, ha sido celebrado y acogida con tanta unanimidad este Papa.




